Programa general, ficha de actividad

Viernes 29 de octubre de 2021 10:30 a 11:00

Sesión 3:

"Resiliencia, educación y sostenibilidad."

Las decisiones tomadas a lo largo del ciclo vital por los individuos se ven influenciadas por una cantidad infinita de situaciones y experiencias vividas en el pasado. Entre estas decisiones se encuentra la decisión de aumentar el nivel educativo por encima del obligatorio. Como ya se ha estudiado en la literatura previa, los individuos pertenecientes a estratos socioeconómicos poco favorecidos encuentran mayores dificultades, tanto tangibles como intangibles, a la hora de educarse. Para este tipo de individuos, más allá de las necesidades económicas y de recursos, la motivación para estudiar suele verse aminorada por la falta de consciencia de los rendimientos que ello conlleva, sin hablar de la falta de información tanto formal como informal sobre la vida académica y profesional. Sin embargo, dentro de este grupo de individuos que podrían calificarse de desfavorecidos, existen sujetos que han alcanzado un nivel o excelencia educativa similar a aquellos que parten de una situación más favorable. Estos son los que se denominan alumnos o individuos resilientes, pues han conseguido superar las barreras que dificultaban su éxito en términos educativos, mostrando ciertas habilidades que les hacen destacar dado su contexto socioeconómico La terminología de alumnado resiliente ha sido utilizada durante los últimos años en la literatura más próxima a la economía de la educación, con gran protagonismo en artículos científicos de gran impacto, e incluso en trabajos de la OCDE (informe PISA), como proxy de la igualdad de oportunidades. En aquellos países o regiones donde existe una mayor proporción de alumnos resilientes se entiende que la superación de las adversidades es más sencilla, es decir, el sistema educativo funciona mejor para los menos favorecidos. El efecto directo de una mayor igualdad de oportunidades en la educación, sin duda, es la mejora educativa para la población en general, que está más y mejor educada donde además los recursos humanos están mejor distribuidos. Una población más educada se traduce en una mayor productividad, una mayor conciencia social y medioambiental, una menor tasa de criminalidad e incluso en una mejor salud. Todo ello se traduce en una sola palabra: sostenibilidad. Sostenibilidad en el sentido más amplio de la palabra y, sin duda, más importante, pues tiene en cuenta lo que de verdad cambia las cosas, es decir, las personas y el capital humano que ponen a disposición del resto de la sociedad. Esto está relacionado, además, con varios objetivos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente con el objetivo número 4 (educación inclusiva, equitativa y de calidad) y el número 10 (reducir las desigualdades). Pese a todo, ser resiliente en el sistema educativo no asegura, per se, unas mejores condiciones de vida, lo que podría limitar sus efectos positivos para el individuo, la sociedad y la sostenibilidad. ¿En qué se traduce formar parte del alumnado resiliente cuando ya se ha superado la etapa formativa? ¿Sirve la educación como engranaje del ascensor social ya en la vida adulta? ¿Mereció la pena destacar? Todas estas preguntas llevan a la necesidad de estudiar las diferencias en la etapa adulta de aquellos que superaron el nivel educativo que se esperaba de ellos dado su entorno con aquellos que lamentablemente no lo hicieron y además, con aquellos que disfrutaban de mayores facilidades. Además, también existe un gran interés en la brecha salarial ligada al sexo como una fuente de mayor desigualdad y sus diferencias entre clases sociales. Para responder a todas estas preguntas se ha utilizado como base de datos principal la encuesta conocida como European Union Statistics on Income and Living Conditions o simplemente EU-SILC (Encuesta de Condiciones de Vida o ECV para el caso español). Dicha encuesta destaca principalmente por dos motivos: el primero es que aporta información de los encuestados, en ciertas oleadas, cuando estos tenían 14 años y el segundo es que la información a nivel de renta es bastante rica. Gracias a esta fuente de información, durante el trabajo realizado se han trabajado más de 3 millones de datos para todos los países de la Unión Europea, durante un periodo bastante amplio de tiempo (2005; 2011 y 2019). La metodología empleada es diversa. Gracias a la información sobre la infancia obtenemos un índice que mide el entorno socioeconómico de origen de los encuestados a través del método análisis de componentes principales. Una vez recopilada esta información , se utilizan modelos multinivel o modelos lineales jerárquicos para la construcción de un valor esperado, utilizado para determinar qué encuestados fueron alumnos resilientes. Aprovechando uno de los potenciales de dicha base de datos, se realiza un estudio econométrico utilizando todas las oleadas posibles a través de un modelo multinivel híbrido donde la variable dependiente es la renta. Gracias a esta regresión y con la utilización de interacciones se puede observar que ser resiliente implica un salto relativamente grande en comparación a los desfavorecidos que no consiguieron superar las adversidades, aunque este salto no parece ser suficiente, pues existe un techo de cristal o glass ceiling que impide alcanzar el nivel salarial de aquellos que partían de una mejor situación. Y es aquí donde podrían aparecer las políticas públicas, con el objetivo de “engrasar” el mecanismo que representa la educación en el ascenso social. Más allá de los motivos comentados anteriormente, mediante el análisis econométrico también se ha podido constatar que ser resiliente es doblemente provechoso para las mujeres pues además de superar su entorno, disminuyen su propio techo de cristal respecto a los hombres, justificando aún más si cabe el interés que se debería poner en esta problemática. Por tanto, a modo de conclusión, parece necesario recalcar el papel protagonista de la educación en la sostenibilidad de la sociedad, que se empañado por el anteriormente comentado glass ceiling. Dicho techo de cristal impide que todas diferencias superadas en la educación se traduzcan a la vida adulta, haciendo menos provechoso el hecho de ser resiliente, con todo lo que ello puede conllevar para el individuo y el conjunto de la sociedad.

Más información:

Sesión 3: Educación y desarrollo sostenible

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